Arqueólogo: monolito de Ayata puede constituirse en un eslabón entre sociedades del Formativo
Arqueólogo: monolito de Ayata puede constituirse en un eslabón entre sociedades del Formativo

Abel Condori, poblador y amauta del municipio de Ayata, comunidad sayhuani, a 300 kilometros de la ciudad de La Paz | APG

LOS TIEMPOS.-  Por las características que tiene el monolito de Ayata y la región donde fue descubierto podría constituirse en una suerte de eslabón entre las sociedades del periodo Formativo, que se pensaban apartadas como la de Chiripa (del altiplano norte), la de los Túmulos (de Cochabamba), y la de Wankarani (del altiplano central), afirmó el arqueólogo boliviano, Jédu Sagárnaga.

Sagárnaga, al comentar sobre el «monolito Abel» (nombre usado por su descubridor Abel Condori), detalló «lo primero que debo señalar es mi confianza en que se trata de una pieza original y no de una falsificación, ya que los elementos que presenta solo podrían ser amañados por un experto que difícilmente se prestaría para tal despropósito».

Dijo que, su antiguo escultor usó una piedra más o menos plana (al menos por la cara que se observa), y retiró hábilmente el córtex (superficie natural) solo de manera parcial, logrando así la iconografía deseada además de conseguir un contraste de superficies y colores muy interesantes. «Técnica semejante no he observado en la estatuaria prehispánica en nuestro territorio», afirmó.

Sagárnaga, docente investigador del Instituto de Investigaciones Antropológicas y Arqueológicas de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), aseveró que la imagen resultante es antropomorfa y resalta su tamaño reducido (unos 70 cm), igual que su poco peso, dado que en las fotos su descubridor lo lleva en brazos, cual si fuese un niño.

Describió el rostro como oblongo con cejas curvas y unidas a la nariz. La boca, no muy bien acabada. Los ojos son muy llamativos, son ovalados en el contorno y rasgados al interior, lo cual recuerda a los ojos llamados «granos de café». Por debajo, los brazos: el izquierdo flexionado sobre el pecho y, el derecho, sobre la cintura. Más abajo, el córtex sin mayor labor. «Tal vez parte de la porción inferior se introducía en el piso a guisa de espiga», informó.

Respecto del estilo que se puede identificar en la estela lítica, el arqueólogo detalló que, las cejas, nariz y brazos nos recuerdan indudablemente a un estilo escultórico típico del Formativo altiplánico, reconocido por varios estudiosos y con una serie de ejemplares hallados en Tiwanaku, Santiago de Huata, Mocachi, Taraco (peruano) y otros sitios alrededor de la cuenca del Titikaka.

«Personalmente considero que tal estilo está vinculado a la cultura Chiripa en su fase tardía alrededor del 600 antes de Cristo y 100 después de Cristo», remarcó Sagárnaga.

Eslabón de sociedades

El investigador cree que la forma de ojos no ha visto en los especímenes del altiplano norte. En cambio, hacia los valles orientales, concretamente en Cochabamba, se ha reportado una buena cantidad de finas esculturas, a veces bicéfalas y hasta tricéfalas, que el autor Ibarra Grasso atribuyó al período Formativo que llamó «Cultura de los Túmulos», añadió.

«El arqueólogo Ponce Sanginés no reconoció tal autonomía valluna, y propuso que dicha cultura era una prolongación de Wankarani hacia los valles interandinos, aunque en los sitios Wankarani altiplánicos (entre Oruro y La Paz), nunca se reportó ese estilo», explicó.

Para el investigador resulta interesante y llamativo, por tanto, que las estatuillas «cochabambinas» presenten un rasgo similar a la escultura recientemente hallada de Ayata.

Aseveró que, además, hay un elemento que adicionalmente se debe considerar: la localidad en que se encontró la pieza. Ayata se emplaza en los valles mesotermos del norte paceño, que otrora (alrededor de 1200-1450 d.C.) fuera escenario principal del desarrollo de la llamada «cultura mollo».

«Claro que el espécimen del cual estamos hablando es mucho más temprano. Lo interesante es que ya con anterioridad, se había reportado el hallazgo de una lápida rectangular chiripa también en los valles mesotermos, que indicaría la presencia temprana de gente altiplánica en este sector, lo cual se refrendaría con este nuevo hallazgo», enfatizó Sagárnaga.

El monolito de Ayata podría constituirse, entonces, en una suerte de eslabón entre culturas que se pensaban apartadas como la de Chiripa (del altiplano norte) y la de los Túmulos (de Cochabamba), y la de Wankarani (del altiplano central), como dice Ponce Sanginés, «estas últimas dos estuvieron relacionadas».

«Pero además refrenda la hipótesis de que los chiripa incursionaron tempranamente en los valles mesotermos», sostuvo el arqueólogo y solicitó que las autoridades tomen los recaudos para evitar el deterioro de la Estela «Abel» e interpongan sus oficios para que los lugareños no remuevan los sitios arqueológicos, lo que violentaría los contextos y haría que se pierda la información que los especialistas procuran obtener.

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